Cuando hablo con familiares, amigos y con nuestra querida gente de Aragua y de toda Venezuela, encuentro un sentimiento común: desconfianza, incertidumbre e indignación por la ausencia de respuestas ante problemas sociales y económicos que no dejan de agravarse. Sin embargo, los dos terremotos pusieron en evidencia la fuerza de un bravo pueblo frente a las mayores dificultades.
En este contexto, el anunciado pronto regreso de María Corina Machado genera expectativas. Según ha expresado ella en sus más recientes entrevistas, volverá con una agenda centrada en ofrecer esperanza, promover soluciones y contribuir a un gran acuerdo nacional para una salida unitaria frente a la crisis.
Al mismo tiempo se ha iniciado un nuevo proceso de diálogo, después de los acontecimientos del 3 de enero. El desafío es que esta nueva etapa sirva para concretar verdaderos avances en la ruta de la transición a la democracia.
Cualquier diálogo solo tendrá sentido si se traduce en soluciones para la gente. La emergencia humanitaria sigue golpeando a millones de venezolanos: desempleo y salarios de hambre que dificultan la compra de alimentos y medicamentos, colapso de los servicios públicos, crisis eléctrica, agua potable, transporte, recolección de desechos y la falta de atención de salud, vivienda y educación. Frente a esa realidad, la prioridad debe ser alcanzar acuerdos mínimos que permitan comenzar a responder a las necesidades más urgentes.
Algunas soluciones requerirán tiempo, pero otras pueden comenzar a construirse de inmediato si cada actor asume la responsabilidad que le corresponde: el régimen interino, la oposición, la sociedad civil, la comunidad internacional y, especialmente, Estados Unidos que, en una realidad no deseable, al tener el control económico y financiero del país y con tanto poder, tiene también una responsabilidad mayor en la superación de la grave crisis que sufre el pueblo venezolano.
La diáspora venezolana tampoco puede quedar al margen. Sus ideas, su experiencia y su compromiso deben incorporarse a un debate nacional orientado a construir consensos y no nuevas confrontaciones. Debe garantizarse el derecho al voto a todos los electores que viven en el exterior.
En todo este proceso, María Corina Machado y la Plataforma de la Unidad Democrática tendrán un papel importante como factores de movilización y esperanza, pero la construcción del cambio no puede recaer en una sola persona ni en un grupo reducido. La sociedad reclama acuerdos amplios y decisiones que involucren a todos.
Una buena señal de las reuniones que se adelantan entre las asambleas de 2015 y 2026 es que ya se esté hablando de la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral, de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia y de un nuevo Contralor General, que garanticen los derechos civiles y políticos, junto con la liberación de los presos políticos, la restitución de los partidos intervenidos, el cese de las inhabilitaciones, la libertad de expresión y, en general, la creación de condiciones que devuelvan confianza a los ciudadanos y a los inversionistas.
Contar con un cronograma electoral y con una fecha cierta para elecciones no contradice la recuperación económica; por el contrario, ambas se necesitan mutuamente. La estabilidad institucional es también un requisito para la reconstrucción social y económica del país.
En medio de la indignación que aún provoca el robo de la voluntad popular expresada en las elecciones del 28 de julio de 2024, la única rebelión posible sigue siendo la rebelión de los votos. Esa indignación debe transformarse en una poderosa energía democrática que asegure el cambio que todos queremos.
El fundamento de la transición hacia la democracia está contenido principalmente en el artículo 5 de la Constitución: la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo y se ejerce mediante el voto. Esa es la verdadera tutela a la que debe responder cualquier proceso de cambio.
Porque ninguna negociación, ningún liderazgo y ninguna reforma tendrán estabilidad ni serán viables si no descansan sobre un mismo principio: la tutela de la gente.
