Nuestro muro invisible Por SIMON GARCIA

On noviembre 16, 2014 by carlostablante

 

El Mundo democrático celebró los 25 años de la caída del muro de Berlín, emblema del fin del comunismo. Aquellos 42 km de placas de hormigón o alambre, levantados a más de 3 metros de altura, fueron una coreografía represiva para dividir a un mismo pueblo. Impedir el encuentro entre los dos sectores exigió 289 torres de control, 272 áreas de vigilancia canina y 8 pasos fronterizos, uno de los cuales, el de Bornholmer Strasse, es infaltable en las películas con episodios de intercambio de espías.

En ese cuarto de siglo, la asombrosa aceleración de las innovaciones tecnológicas también influyó en los sistemas de opresión. Los antiguos criterios ya no sirven para identificar a dictaduras o regímenes de vocación totalitaria porque se han transformado las formas para controlar e imponer la voluntad del Estado sobre la sociedad.

Venezuela ha sido uno de los campos de prueba para una batería de nuevas tecnologías de la dominación hecha desde una visión militarista, pero con un acabado sofisticado aportado por la experiencia que los cubanos han acumulado en esa materia.

El prototipo es invisible porque cambia la naturaleza de la opresión y acude a nuevos medios para imponerla. En las condiciones actuales no es necesario un muro físico que diariamente sea percibido por unos como el muro de la vergüenza y por otros como el de la libertad. Es preferible envasar prejuicios, condicionar comportamientos, inducir sentimientos destructivos que fracturen y violenten a la sociedad sin poner un ladrillo.

La represión de los impulsos de autonomía personal, de las ansias de libertad o de las demandas de justicia social se logra instando un muro cultural, polarizando los cerebros de los seguidores y sustituyendo la cultura democrática por un constante estímulo a los sentimientos negativos y las emociones destructivas. Un mecanismo que logra, no sólo enfrentar al pueblo, sino justificar la necesidad de excluir al otro. El motor de esta degradación de la lucha política es el odio.

Hacia afuera el régimen se cuida de darles a los organismos internacionales lo que ellos esperan. Una evaluación producto de indicadores cuantitativos y la exaltación de unas elecciones aceptadas sin más como pieza fundamental de legitimación de un poder. Mientras la burocracia globalizada se oriente con un astrolabio no podrá percibir la amenaza de los nuevos autoritarismos contra las democracias. Allí están China y Rusia para opacar los visores.

Una concepción militarista de la política, la ausencia de una vanguardia con ideales y el atraso del modelo que se pretende aplicar anularon el arranque exitoso de la tecnología de dominación que Chávez usó para encumbrarse. Pero sus sucesores no han sido capaces ni de mantener las vitrinas virtuosas (alimentación, educación, salud, vivienda o pensiones) que sirvieron de efectos de mostración para suscitar apoyos adentro y conciencias tranquilas afuera.

Ahora al proceso se le rompió el espejo de las expectativas colectivas. No logra que le funcione un nuevo Dakazo, la variación en la dimensión de las misiones no suscita ninguna confianza, no tiene una verdadera lucha de superación de la pobreza y está debilitando los avances que se habían obtenido en materia de redistribución de la renta. Vive del viento de cola de éxitos que la crisis está evaporando.

La permanencia del actual modelo y de la gestión gubernamental es un muro que se está agrietando. Aumentan las condiciones para que sea sustituido por voluntad del propio oficialismo, por la emergencia de un nuevo acuerdo plural y progresista entre los dos grandes bloques de opinión que se han venido confrontando en el último decenio o por una ruta de cambios en la posesión de los poderes que comenzará con las elecciones parlamentarias.

El gran desafío de los venezolanos, de los partidos y las fuerzas progresistas es crear el discurso, la narrativa, los formas de lucha y las estrategias que mediante un uso inteligente de las nuevas tecnologías políticas, comunicacionales y organizativas logre invertir la actual situación y recuperar la primacía de la sociedad frente al Estado centralista/autoritario/ineficaz.

No levantemos barreras artificiales para dividir y excluir a la gente. Abramos las puertas a los que quieren venir a nuestro lado. No cerremos las fronteras, no espantemos a quienes son decisivos para que caiga nuestro muro.

@garciasim

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