Dictadura bicéfala

On marzo 21, 2014 by carlostablante

El régimen esta dándole patadas al diálogo con la oposición. Por un lado, usa la palabra diálogo de manera acomodaticia dentro de una retórica que promueve permanentemente el odio y la confrontación, y por el otro, aumenta la arremetida contra la disidencia y la critica.

Ya no le basta con el control absoluto de los poderes públicos, con el intento de imponer la tesis del pensamiento único, el partido único y el líder único, ahora también quiere aplastar de manera definitiva cualquier expresión opositora frente a un pésimo gobierno que es responsable de los niveles de inseguridad, inflación y corrupción mas altos del mundo. Los venezolanos sufren como nunca antes de escasez y colas para abastecerse de los insumos básicos para la subsistencia y ya es una realidad la tarjeta de racionamiento para la adquisición de bienes y servicios, clara demostración del fracaso económico del modelo anticonstitucional que el régimen pretende imponer a la fuerza a los venezolanos.

Todo esto es demasiado parecido a la tragedia que ha sufrido el pueblo cubano en el último medio siglo bajo la dictadura de los hermanos Castro. No quedan dudas entonces del destino que el grupo que desgobierna el país pretende darle a la nación.

En la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello trata a los diputados como si fueran parte de un pelotón militar. Con una arbitrariedad nunca vista, se despoja a los parlamentarios de la oposición del derecho a la palabra, de la inmunidad parlamentaria, llegando al extremo de golpearlos físicamente en el interior del hemiciclo. El propio Cabello, desde la presidencia de la AN, interviene abiertamente en el área de competencia de Maduro como jefe del gobierno. Pareciera que estamos ante una dictadura bicéfala, donde cada cabeza compite con la otra en quien tiene un desempeño mas autócrata y antidemocrático, dentro de una disputa por el control interno de lo que queda del chavismo. El PSUV apenas sostiene así una frágil unidad apoyada en la sombra del que han definido como ¨ el comandante eterno ¨.

La orden es no dialogar con los sectores opositores sino perseguirlos, criminalizando la protesta y anularlos, judicializando la política, como está ocurriendo con Leopoldo López, Enzo Scarano, Daniel Ceballos, María Corina Machado, Carlos Vecchio y Antonio Rivero.

Paralelamente el régimen, en nombre de un mal denominado proceso de pacificación, está realizando un diálogo con los jefes de las bandas criminales y con los corruptos y sus cómplices, los boliburgueses. Todo ello fortaleciendo aún más el esquema de impunidad y corrupción existente, característica principal de un Estado delincuente, cleptocrático o kakistocrático, como lo hemos venido denunciando.

Frente a todo esto, para lograr la salida a la profunda crisis de gobernabilidad que estamos padeciendo todos los venezolanos sin distinción, ahora más que nunca la salida es la protesta.

Para ello es necesario ampliar la base social de esta justa resistencia, sumando a nuevos actores y creando novedosas formas de lucha no violenta con la mayor creatividad posible, como de hecho ya esta ocurriendo.

El papel de los estudiantes ha sido fundamental. Su valentía, coraje y determinación nos compromete a todos. Cada dia son mas los padres, profesores, maestros y vecinos que respaldan su legítima protesta pacífica en las calles. No están solos y el régimen lo sabe, de allí la desesperación por aplastarlos. Los crímenes cometidos por guardias nacionales, funcionarios del Sebin y grupos paramilitares armados por el régimen, no prescribirán. Más tarde que temprano, serán juzgados por sus delitos.

La única forma de asegurar que en algún momento se produzca un diálogo verdadero para lograr los cambios que la mayoría de los venezolanos anhela es organizando y movilizando de manera sistemática la presión frente a este desgobierno. Como dice Francisco Suniaga, la normalidad de los venezolanos en este momento debe ser la protesta democrática cotidiana sin dejarse atrapar por el miedo, la incertidumbre y la apatía.

Para evitar males mayores como el aumento de la violencia, deberíamos encontrar un camino de solución política al conflicto con la mediación internacional y en el marco de las opciones que ofrece la Constitución.

Para ello es indispensable que Maduro, que es el que tiene mayor responsabilidad en lo que está pasando, envíe una señal de rectificación que facilite un dialogo auténtico que permita canalizar el cambio que reclama la mayoría del país.

La lista es conocida: Liberación y cese a la persecución de los manifestantes detenidos y sometidos a procesos judiciales, liberación de Iván Simonovich, Leopoldo López y todos los presos políticos, cese a la persecución a los dirigentes de Voluntad Popular Carlos Vecchio y Antonio Rivero, retorno de los exiliados, cese a los ataques del régimen contra la prensa y los periodistas, contra la libertad de información y de expresión, contra los ciudadanos convertidos en reporteros que a través de las redes sociales luchan por el cambio y en especial contra el diario TalCual dirigido por Teodoro Petkoff; designación de las autoridades del TSJ, Contraloría y CNE con periodos vencidos y nombramiento a finales de año como lo establece la ley,  de los  nuevos titulares de la Fiscalía  General  de la República y la Defensoría del Pueblo.

Una reflexión final. Algunos me plantean con impaciencia comprensible que hay que “salir de esto, ya!”. La situación que vivimos es muy complicada y no hay un manual para alcanzar una salida de manera inmediata, como algunos plantean. El proceso que vivimos los venezolanos en medio de esta crisis, forma parte de la degradación y deterioro que hemos venido sufriendo en los últimos quince años.

De manera que la salida no es fácil ni inmediata y no debemos crearnos falsas expectativas. La victoria que aspiramos solo será posible a través de la protesta organizada y pacífica pero firme y combativa, la movilización permanente y la apertura de espacios de diálogo auténtico en cada barrio, comunidad y urbanización para encontrar entre todos la hoja de ruta apropiada a fin de sacar a Venezuela de este inmenso atolladero.

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