Maryhen Jiménez Morales: El triunfo de la anti-política

On noviembre 10, 2016 by carlostablante

La crisis de partidos políticos que se ha manifestado en todos los rincones del planeta finalmente se hizo ver en Estados Unidos. A lo largo de la historia, en América Latina, Europa y África hemos visto cómo sistemas políticos colapsan, al tiempo que surgen liderazgos fuera de lo común.

El Partido Republicano tuvo como representante, por primera vez en su historia, a un candidato populista, antisistema, anti-valores republicanos, liberales y demócratas, anti-instituciones, anti-inmigrantes etc. ¿Cómo pudo, una de las democracias más estables llegar a este momento de inflexión? No hay un solo factor causal que nos explique los motivos de esta crisis; no obstante, uno de los principales se encuentra en la crisis del sistema de representación política.

La ciencia política ha logrado determinar que dichos candidatos anti-establishment y populistas surgen cuando el sistema como tal se cuestiona y especialmente cuando se cree que los políticos convencionales no dan respuestas a los problemas de sus ciudadanos. Esta elección, lamentablemente no se trató de ofertas programáticas, sino de quién ofrecía una cara nueva al sistema político. Mientras Hillary Clinton es la personificación absoluta del establishment, Donald Trump se presentó como un anti-político dando esperanza a una parte de la ciudadanía que ya no se veía representada por una clase política que aparenta ser cada vez más ajena a sus realidades. La diferencia entre la preparación de los candidatos, su retórica, su oferta al país, eran obvias y aun así la anti-política triunfó.

Es paradójico observar la forma en que el sistema electoral impide el ascenso de Clinton, justamente en el momento que el país necesitaba un liderazgo con experiencia política para lograr acuerdos con las élites republicanas, para mitigar un ambiente profundamente polarizado y así consolidar el legado de Barack Obama, como por ejemplo la inclusión de millones de estadounidenses al sistema de salud y educación. La llegada de Trump solamente acentuará la polarización y probablemente la crisis partidista. Dicho esto, la elección de Donald Trump también refleja tensiones raciales y de género. El rechazo de la población blanca a aceptar el hecho que la sociedad estadounidense está en transformación, llevó a Trump a la Casa Blanca. El Presidente electo pudo capitalizar miedos respecto de inmigrantes, musulmanes, personas de distintas orientaciones sexuales y traducirlos en apoyo popular. Con su discurso separatista atrajo más que todo a votantes blancos en zonas rurales que buscan una representación de su realidad comunitaria y no cosmopolita.

Finalmente, esta campaña electoral también demostró que, más allá de algunas debilidades de Clinton asociadas por ejemplo a los 33,000 correos borrados, las publicaciones de wikileaks o las investigaciones por el FBI, Trump ganó por el rasgo profundamente sexista de esta campaña. Muchos analistas señalan que si Clinton fuese del sexo opuesto, hubiese sido electa. Aun cuando el panorama político es profundamente incierto, los estadounidenses –y el resto del mundo– deben tener la esperanza de confiar en las instituciones de ese país. Es el momento que el congreso, la corte suprema y sobre todo de una oposición demócrata brillen.

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